En defensa de las humanidades

“La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir” (M. Kundera). Ser humanista implica el deseo de saberse, de conocer los mecanismos que construyeron el mundo, sus ideas perecederas y las que todavía nos parecen perennes. Una invitación al desarrollo de la actitud crítica, al despertar de la conciencia, al baño refrescante de las muchas lenguas que intentan hacerse oír, al cálido zumbido de la literatura acariciando las mejillas de la mente; al recuerdo de lo que fue, de lo que no fue y pudo ser, de lo que puede ser y quizás será; a los modos de vida y de esperanza, a las formas de entender las relaciones y las relaciones del entendimiento. Humanĭtas: la esencia de la humanidad destilada en palabras, ideas, obras de arte, costumbres, lugares y en la melódica confusión de la polifonía del tiempo en bocas eternas.

Así comienza nuestro autor Jesús Portillo (El testamento vital del profesor Wicket) su contribución a la Guía de Estudios Oficiales de Sevilla editada por EUSA, en la que examina la vital importancia de las ciencias humanas para el avance y mejora de la sociedad. No podemos estar más de acuerdo con él:

Al fin y al cabo, la primera herramienta y quizás una de las más importantes para cambiar el mundo es la palabra.

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